miércoles, 21 de enero de 2015

El Río Cuarto ROCK 1983 - Revista Colibrí










Revista Colibrí – Año I N°6 – marzo 1983

No fue sobre un escenario ni volaron claveles blancos. Nadie ensayó largas horas una nueva canción ni se alquilaron sofisticados equipos. La idea era hablar sobre las inquietudes de los músicos contemporáneos en nuestra ciudad, sus perspectivas y sus limitaciones. Así nació…

El Río Cuarto ROCK

Gerardo de Armas es bastante nuevito en la materia. Debutó como solista en el segundo recital de Plaza Olmos a fines del año pasado. Gabriel Radaelli. Guitarra y voz en el “Post-Data” riocuartense hace un año que recorre los escenarios de la región (“aunque sólo hace tres que empecé a tocar la viola”, murmura). Víctor Rapetti ya es una figura conocida en el ambiente local; su actividad musical le valió una invitación de Mario Luna para participar de La Falda ’83 en el festival paralelo de nuevos creadores; cuestiones laborales le impidieron viajar. Antonio “Pichi” Pérez, profesor de guitarra del Conservatorio, formó parte de “Trama” uno de los grupos más importantes de la música “progresiva” en nuestra ciudad, sin embargo, su actividad comenzó a ser conocida hace más de diez años, con aquel inolvidable grupo “Expansión”, contemporáneo de otros “adelantados” como “Los Blackers” y “Los Mármoles”, por citar algunos, y sucesor de “The Deamonths” el primer grupo de “Pichi”.
A estos representantes de distintas generaciones de músicos rockeros, COLIBRI los reunió en “Juglares” (¿Qué otro lugar podría ser si no?) para hablar sobre la realidad local de esta música que se da el lujo de figurar, junto a algunas manifestaciones de la Iglesia y del fútbol, entre las actividades con mayor poder de convocatoria en el Río Cuarto de hoy.
-La música rock reunió a más de dos mil personas en cada uno de los recitales que se llevaron a cabo en Plaza Olmos 1982. ¿Podemos hablar de un movimiento rockero riocuartense?     
Víctor: Creo que todo esto es resultado de un gran movimiento nacional. En Río Cuarto no están dadas las condiciones como para que se puedan manifestar todas las corrientes y todos los géneros que confluyan en un movimiento musical. La cosa aquí es bastante unida sobre el escenario, aunque fuera de él no existe un laboratorio donde los músicos investiguen y trabajen juntos.
Antonio: A mí me parece que existe un pequeño movimiento. Al público se lo ve con una tremenda necesidad de recibir las cosas que le puede llegar a dar un músico.
Víctor: Sí, es cierto. Ahora incluso hoy gente que va a ver a tal o cual grupo. Por ejemplo, hay quienes siguen mucho a “Post-Data”.
Gabriel: Mirá, al principio los únicos que nos seguían eran los amigos. Después empecé a recibir cartas, me hablaban por teléfono, gente que no conocía me llamaba para decirme que le gustaba mucho lo que hacíamos.
-Gerardo, ¿vos te encontraste con cosas distintas a las que esperabas cuando dejaste de ser “público” y pasaste a ser el “músico”?
Gerardo: Me encontré más bien con cosas nuevas, no tan distintas a lo que yo pensaba. Desde abajo me imaginaba un mundo inalcanzable, un mundo muy particular; ahora, cuando estuve en el escenario, me dí cuenta que todo es muy lindo aunque me costaba creerlo. Me preguntaba por momentos que hacía yo ahí arriba.
-¿Cuáles son las limitaciones que tienen los músicos rockeros en Río Cuarto?
Víctor: La primera limitación es que tienen poco acceso al buen equipamiento…
Todos: Totalmente de acuerdo…
Víctor: …La segunda es que no hay una continuidad de espectáculos tal que permita el desarrollo creativo de los músicos; el público verdadero de rock en Río Cuarto  oscila entre las 500 y las 1000 personas; el resto, entra en la corriente por moda o snobismo, o directamente no entra por la falta de continuidad en los espectáculos.
-Empresarialmente, ¿cómo se trata al músico de rock?
Gabriel: Aquí los empresarios tratan de sacar la guita ellos, arriba del escenario, te las arreglás vos…
Víctor: En música, los únicos empresarios que hay son los que aprovechan el consumismo musical organizando bailes populares o cosas por el estilo. A esos empresarios poco le importa el músico de rock.
Antonio: Hay que analizar varias cosas. Hoy la gente es muy exigente en lo que a calidad de sonido se refiere; como los músicos de rock riocuartenses no están integrados como un show o como un número, hay gente que sólo puede enfrentarse con ellos en los festivales masivos o al aire libre donde el sonido es lamentable. Entonces, adquiere una visión deformada de lo que ellos hacen
Víctor: Insisto, aquí hay equipos que sirven “para la emergencia”. Pero no hay uno con los vatios necesarios como para hacer espectáculos como el de Plaza Olmos. Allí los músicos van porque tienen necesidad de expresarse, no porque sepan que los van a escuchar bien.
-Ante esta situación. ¿qué perspectiva tienen los músicos riocuartenses?
Víctor: Y, habrá que esperar un milagro porque los equipos extranjeros son inalcanzables y los nacionales no han salido buenos. Mientras tanto, tendremos que seguir dándole… Esto no se puede detener.
Antonio: Aquí, en todo el país, el músico tiene que ser también organizador. El tiene que adaptarse a las circunstancias y, con las posibilidades que tiene tratar de hacer lo mejor posible. No podemos soñar, en esta Argentina post-Malvinas, con un equipo fabuloso para Río Cuarto. Creo que la cuestión pasa por reunir 100 ó 200 personas más seguido, que juntar a tres mil o cuatro mil dos veces al año para que no escuchen nada.
-¿No podrían unirse los músicos y patear todos para el mismo lado?
Víctor: Yo creo que pateamos todos para el mismo lado… lo que pasa es que no vemos el arco (risas). Aquí los músicos no se han unido porque tal vez falta alguien que tenga un poco más de decisión y nos junte. De cualquier manera, cuando alguien necesita una guitarra o un cable, siempre lo consigue.
Antonio: Todos los problemas que hemos visto, existen. Pero también hay que reconocer que la formación musical es, de acuerdo a la magnitud de la ciudad y de los tiempos en que estamos, bastante baja.
-¿El público local es respetuoso con el artista?
Gerardo: La gran mayoría de la gente, sí. Pero siempre hay un grupito que sólo va a molestar.
Victor: Mirá, el público de acá no es como el de La Falda o el de B.A. Rock que te tira –lo he visto- hasta un choripán si no le gustás. Esas actitudes enfermizas, aquí no se ven.
Gabriel: Como no hay continuidad, la mayoría va al recital a escuchar a los músicos o a juntarse simplemente. Son pocos los que directamente van a molestar.
-¿Cómo es el nivel autoral en Río Cuarto?
Víctor: Acá, en los dos últimos años, lo mejor estuvo con “Trama”. Además hay buenos letristas y gente como Rubén Domínguez que apunta más o menos bien. También hay experiencias rítmicas positivas como las de “Cuadrante”.
Gabriel: En ese sentido, los músicos “viejos” marcan el camino. Los más jóvenes tratamos de hacer las cosas lo mejor posible.
Antonio: Aquí se imita demasiado a los llamados “grupos grandes” (digo “llamados” porque hay muchos que se dicen “grandes” y lo son sólo porque aquí no se escuchan los grandes en serio de afuera). El artista debe hacer lo que siente, como lo hacía –perdonen si no soy objetivo- Daniel Bruhm. Además, los músicos argentinos son baladistas: Interpretan letras con la melodía como acompañante. No hay un gran desarrollo de la música instrumental.
Víctor: Incluso los músicos “grabdes” obligados a “fabricar” más que a “crear” por la necesidad de las grabadoras, están en franca decadencia. Sin embargo, hay una latinoamericanización –creo que espontánea- de la música joven que permite el surgimiento de tipos excepcionales como Alejandro del Raco que mezcla música hindú con música del altiplano. Esta renovación creadora le va a hacer mucho bien al movimiento.
La charla continuó hasta que alguien acercó una guitarra. “Pichi” junto a Sergio Luna, invadió “Juglares” con clásicas melodías: Víctor y Gerardo interpretaron sus temas: Gabriel (“No tengo nada preparado como solista”) tímidamente cantó “Ché, pibe” de Porchetto. La música se instaló en nuestra mesa. El “Río Cuarto Rock” de la nota había terminado… o recién comenzaba…

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